Todos los cristianos hemos sido llamados a la perfección, es decir a la santidad, y como tal debemos de esforzarnos para lograrlo. Principalmente por la oración, para que nuestra vida natural sea superada por la vida sobrenatural, que desde nuestro bautismo nos llama y obliga a hacer florecer esa semilla espiritual que nos infunde el Espíritu Santo.

Primero quiero explicarte lo que la mística es basado en el compendio de teología ascética y mística de Adolphe Tanquerey. Según mis palabras “las 2 son formas de espiritualidad, la ascética es la que tu inicias, la que te va preparando y la mística es la que Dios inicia”. La ascética es rezar el Padre Nuestro, el rezo de un Rosario, la espiritualidad que nos acompaña en todo el caminar cristiano. En cambio la mística no es la que te hace el rey misterio (jaja), es la que muchos de nuestros santos experimentaron en donde ellos tenían un momento de “éxtasis espiritual” en los cuales se manifestaban carismas extraordinarios tales como levitación, orar por horas y horas seguidas, visiones, entre otras cosas.

Diferencia entre la mística y la ascética

El primer paso para conectarnos con Cristo es una espiritualidad un tanto teórica, es la ascética y cuando tenemos un dominio fundamentado de la teoría, nos será más sencillo entrar al caminar práctico: la mística. Aunque es algo bastante más complicado que esto, (jaja) tener un dominio en la ascética nos sensibiliza más para entrar en este mundo. Aunque cabe destacar que lo más importante de la mística no son los fenómenos místicos sino una añadidura del proceso, pero eso sí, serían los signos más visibles de esta.

La mística es una experiencia, no es un conocimiento intelectual. Ahora bien, seguro te preguntarás ¿Por qué no hay místicos de la actualidad?, o ¿Cómo puedo llegar a ser místico? El canto cristiano de Marcos Vidal (buscadme y viviréis) responde a esta primera pregunta. El canto trata de una conversación de un humano con Dios en el que discute con Él sobre su poder y manifestación, le dice que no es tan fuerte como en tiempos bíblicos. Ante esto Dios le responde: “es que ya no hay hombres o mujeres como en la biblia… porque Él sigue actuando”.

Grandes signos divinos, para grandes gestos generosos

Esto me hizo pensar demasiado sobre el caso y hasta llorar, porque habla del profeta Daniel en donde dice: ¿Dónde está aquel Daniel que me adoraba?. Tenemos que dar nuestra vida como aquellos personajes bíblicos, como ese Elías que dejó todo por seguirlo, como esos tres que en Babilonia prefirieron ser quemados a ceder. ¿Dónde está la santidad de aquel José?, ¿Qué pasó con ese niño que mató al gigante?, ¿Y qué me dices de esas mujeres entregadas como Esther?

Aún nos falta bastante para dejarnos guiar plenamente y así poder entregar cada pensamiento como acto a ÉL. Sólo entregándote por completo podrás ver de nuevo todo el poder de Dios en ti. Es algo realmente difícil, yo batallo mucho para darle toda mi vida, aunque algunos aspectos vayan mal, me cuesta mucho reconocer que Él tiene un mejor plan para mí.

Ahora vamos con la segunda pregunta: ¿Cómo podemos llegar a ser místicos? ¿Cómo hacerlo, si no de la mano de grandes Místicos de nuestra religión? Algunos de los santos más destacados en este ámbito son:
Pseudo Dionisio Areopagita, Santa Teresa de Ávila, San Juan De la Cruz (mi favorito) San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís. Ellos son sólo algunos de los místicos que pueden guiarte en este camino.

Lo que necesitas para ser un Místico

1. Fe recta

Creer ya no es algo que se da por sentado; y aún menos el contenido de nuestra fe. Corremos el riesgo de considerar de antemano nuestra propia opinión como la única verdadera; y también corremos el riesgo de prestar oídos al último grito. La petición “dame fe recta” puede preservarnos tanto de la excesiva seguridad en nosotros mismos, como de ese estar a merced de la última opinión del momento.

2. Caridad perfecta

Caritas es la traducción latina del ágape griego, mientras que amor traduce más la filía griega; caridad ha sido entendido como “amor superior” y tiene una connotación más explícitamente religiosa que amor, pero cabe entenderlos perfectamente como sinónimos. La caridad, o el amor, son términos desgastados por el uso y lastrados de equívocos. Pero ¿cómo renunciar a ellos? Somos cuanto amamos. Somos en cuanto amamos.

Todas las grandes mujeres y hombres de espíritu lo han sabido en todos los tiempos, independientemente de sus adscripciones religiosas. Jesús lo supo y lo enseñó. Francisco también lo supo y lo enseñó. Lo único que importa es la caridad o el amor, es sentir la herida del otro como propia, es sentirse responsable del destino del otro desde la compasión, es cuidar al otro –a toda otra criatura– porque me necesita. Y porque yo no puedo ser sin él; no puedo ser feliz sin quererle. Él/ella no puede ser sin mí, sin que yo le quiera y tampoco sin quererme.

3. Esperanza cierta

Pero ¿la esperanza puede ser cierta? Parece un contrasentido, y lo es. La certidumbre de la esperanza no es del orden de nuestras certezas ordinarias. No es la certeza de que algo vaya a suceder en un futuro más o menos lejano. Es, más bien, la certeza o la decisión o la determinación de la actitud vital, del compromiso con el futuro. ¿Qué futuro? El futuro que Dios es para nuestra vida y que nosotros debemos encarnar, actualizar, anticipar. Es una forma de vivir que abre en lo antiguo la brecha de lo nuevo, que anticipa el futuro, que hace presente aquello que esperamos.

4. Humildad profunda

En donde busquemos solamente que Dios sea reconocido por nuestras obras y por sobre todo el tratar de no meter mucho de nuestra cuchara cuando Dios hable a través de nosotros. Esto pasa mucho con quienes llevan mucho tiempo en estos menesteres, sentirse la última Coca-Cola del desierto y a cada mensaje que se da, agregarle algo de nuestra cosecha en lugar de dejar que sea solo Dios que hable a través de nosotros
La Mística no son solo cosas o situaciones extraordinarias, más bien como muchos teólogos dicen, es el cambio tan profundo personal que hace que sucedan cosas tremendas (sobrenaturales) en nuestro exterior, es decir y basándome en la Biblia, hay demasiados dones y carismas que todos tenemos o podemos trabajar, la amabilidad es un don, la hospitalidad, la alegría, no hay que fijarnos solamente en lo extraordinario.

Entonces te invito a crecer más en este maravilloso mundo de la ascética y la mística con estos tips un tanto superficiales, ya que adentrarnos de buena manera requiere muchísimo más de tiempo y explicación, te recomiendo el libro de San Juan De la Cruz “Subida al monte Carmelo” o el libro de Santa Teresa de Ávila “Las moradas” o también conocido como “El castillo interior” en donde nos dan bastantes directrices para crecer en este maravilloso y placentero mundo.


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Daniel Olvera

Daniel es un apasionado de la juventud, ha dedicado más de la mitad de su vida en el apostolado y acompañamiento juvenil ya sea en grupos o en colegios católicos, "un corazón cerrado no engendra nada bueno, permíteme ayudarte a abrirlo"

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