En este mundo virtual, cuando pensamos en quién es un ‘influencer’, tal vez nos vienen a la mente nombres como Yuya, Luisito Comunica, Juanpa Zurita o Kim Loaiza. También sabemos que hay ‘influencers católicos’ (¡Como Catoliscopio, por supuesto!). Pero, ¿me tacharías de loca si te dijera que Juan Bautista en el siglo I, también fue todo un influencer?

Antes de que lo hagas, te quiero platicar 5 razones por las que Juan Bautista, con su ejemplo nos enseña cómo ser verdaderos ‘influencers’, tanto en redes como en la vida:

1.- Por su consagración como profeta:

“Y a ti niño, te llamarán profeta del Altísimo porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados” (Lc 1, 76)

Esta razón debería bastar. Juan Bautista fue consagrado como profeta del Altísimo desde antes de nacer. Eso lo hace en automático influencer de Dios. La elección de Dios es siempre un misterio, pero al ser decisión divina, el elegido recibe los dones necesarios para cumplir su misión. Juan no anuncia algo por cuenta propia, sino que simplemente se convierte en canal de salvación y de perdón.

Así también tú: fuiste llamado desde el vientre de tu mamá, elegido para que des fruto y que ese fruto permanezca (Jn 15, 16). Ese hecho, sencillo y maravilloso a la vez te convierte ipso facto en influencer divino. No digas que eres solo un muchacho (como Jeremías) ni te sientas indigno de ser elegido por Dios, al contrario, abraza tu llamado y llévalo a plenitud.

2.- Por su humildad

“No soy digno de soltar la correa de su sandalia” (Jn 1, 27)

Juan Bautista fue consagrado, sí, y tenía una misión grande, sin duda. Pero esto no fue ocasión de que él creyera que su persona fuera más importante que el mensaje que transmitía. Juan pudo haber sucumbido a la tentación de decirle a las multitudes que lo seguían que él era el importante, que a él tenían que escucharlo y no a Jesús que venía en camino. Pero Juan ‘doma’ su soberbia y se expresa diciendo que él no es el Mesías, y que ni siquiera sería digno de atar la correa de la sandalia del que sí lo es. Que así también tú y yo mantengamos la humildad de sabernos siervos e instrumentos. Que solo hacemos lo que nos fue encomendado, nada más.

3.- Porque reconoce a Jesús

En medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen” (Jn 1, 26)

Juan Bautista como parte de su prédica, se refería al Mesías como alguien que YA ESTABA (perdón el caps lock, pero necesitaba ese énfasis) en medio del pueblo, pero que aún no era reconocido. ¿Cuántas veces no vemos a Jesús que se manifiesta entre nosotros? Yo muchas veces, por mis prisas y mis prejuicios, dejo de reconocerle en el pobre, en el migrante, en el que es distinto, en aquel al que llamo ‘radical’. Pero Jesús ya está en medio de nosotros, aunque no nos demos cuenta de su presencia. Que así como Juan, nosotros también podamos reconocer a Jesús, aunque esté escondido (como solía decir Madre Teresa) bajo un ‘angustioso disfraz’.

4.- Porque prepara el camino

“Muestren los frutos de una sincera conversión” (Mt 3, 8)

Juan Bautista dedica su vida a vivir en el desierto, vistiendo piel de camello y comiendo sencillamente. Él exhorta a todo el que le escucha a arrepentirse de corazón. Pero no, no desde una actitud fariseica, sino fruto de un amor profundo a Dios y a los hermanos. Que nosotros, desde nuestros ministerios, también prediquemos el evangelio de Jesús y los frutos del Espíritu, y que le permitamos a Dios convertir nuestro corazón cada vez menos en corazón de piedra, y cada vez más en uno de carne (Ez. 36, 26).

5.- Porque “apunta al Cordero”

“Juan vio a Jesús que venía a su encuentro y exclamó ‘Ahí viene el cordero de Dios’” (Jn 1, 29)

Como influencer, y creo esto es importantísimo: Juan no se apunta a sí mismo, Juan apunta al Cordero de Dios, a Jesús de Nazaret. Juan Bautista pierde a varios de sus discípulos porque señala a Jesús como el Mesías y exhorta a sus seguidores a ir tras de Jesús, y dejarlo a él. Que nosotros tampoco nos apuntemos a nosotros mismos, que nunca queramos que la gente nos siga por quienes somos, sino que siempre señalemos al único que debe ser seguido: Jesucristo.

Mi oración hoy por ti y por mí es que cada día asumamos nuestro llamado como humildes profetas, como quienes preparan el camino con un mensaje de amor y que siempre apuntemos al Cordero: a Jesús de Nazaret. Para que así podamos decir como San Juan Bautista: “yo no era la luz, sino testigo de la luz” (Ponce de León, 2003).

Por: Tere Ávila


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