No podemos ignorar el hecho de que miles de cristianos están siendo perseguidos por todo el mundo, obligados a renegar de su fe, sin libertad para vivirla o condenados a muerte, iglesias incendiadas y profanadas, secuestros, propaganda anticristiana en los medios, violaciones a los derechos humanos y la lista podría continuar.

Esta información fácilmente podría desmoralizarnos si sacamos a Dios de la ecuación, pero en el “recuento de los daños” no podemos dejar fuera a quien hace todas las cosas nuevas.

Comencemos entonces por entender lo que mártir significa: del griego «μάρτυς, -υρος» que es “testigo”. Algo muy importante sería recordar que todos los cristianos estamos llamados a ser testigos, así que de inicio ellos no son tan diferentes a nosotros, personas que han querido conocer a Dios y seguir los pasos de Jesús. Sin embargo, no podemos negar, que escuchar o leer noticias sobre hermanos nuestros (aunque en ocasiones se encuentren a kilómetros de distancia) que están muriendo a causa de su fe es muy difícil.

Ante esto tenemos dos caminos, quejarnos de este momento en la historia en el que nos ha tocado vivir, atemorizarnos tal vez por imaginar que esto podría pasarnos a nosotros o a los que amamos, imaginar el fin de la fe y lo más común, la tristeza, que aunque natural y muy humana seria estéril si no la acompañamos de Dios. Nuestra segunda opción comienza con la oración, para recordar con admiración a tantos héroes de la fe, de los que no conocemos ni siquiera el nombre, agradecer por sus vidas.

Pedir como San Esteban, el primer mártir de la Iglesia, por aquellos que les atacan “Señor no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7, 60), meditar sobre lo que en tantas partes del mundo esta sucediendo; sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos perseguidos.

Esto nos recordara que Dios saca algo bueno incluso de lo que para nosotros es tragedia, Él fue el que dijo “Felices ustedes cuando por causa mía les persigan” (Mateo 5,11) y nos pide que nos alegremos y nos mostremos contentos pues será grande la recompensa.

También el apóstol Pablo nos dice: … “todo lo considero al presente como peso muerto, en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo, Jesús” (Filipenses 3, 8).

Es muy reconfortante saber que aún con todo lo bello que Dios nos da desde esta vida, no tendrá comparación con la vida eterna, vida que todos estos mártires ya gozan, por lo que el mismo Pablo también dijo “Para mi la vida es Cristo, y la muerte una ganancia” (Filipenses 1, 21), se nos invita a vivir ya desde esta vida con mucho gozo, con la certeza de que Dios nos acompaña, vivir también con la esperanza (dejando fuera el temor) de un día estar en su presencia.

Para nosotros que por muchos medios somos también perseguidos e invitados a negar nuestra fe, aceptando como normales o buenas cosas que no lo son.

¿Cuál es el aprendizaje que nos deja el testimonio de tantos hombres y mujeres mártires?

1. No tener miedo a dar la vida, tranquilo, Dios es un Dios de vida y no de muerte, así que esto no significa que lo deseable o lo debido sea que la gente vaya por el mundo dañando a otros, como ya dijimos debemos orar por los que así lo creen.

Dar la vida será para nosotros vivir en plenitud o en abundancia, esa es la vida que estamos llamados a experimentar; en la escuela ser un buen estudiante, el trabajo ser honesto, en la casa servicial, dar más de nosotros al prójimo: sea este nuestra familia, amigos, pareja o un desconocido en la calle; dar un consejo, ayudar al cansado, visitar al enfermo, tal vez a nuestros abuelitos; esforzarnos por seguir el ejemplo de Jesús, que aunque debía caminar por horas, dar de comer a tantos, predicar y no siempre ser bien recibido, todo lo hacía con amor, imagino que llegaba a casa cansado y ahí estaba su mamá, también tenía tiempo para ella, se divertía con sus amigos y por las noches salía a orar.

Una vida extraordinaria es muchas veces una vida ordinaria vivida con un amor extraordinario, no es mi intención que suene como algo fácil porque a veces no lo será, pero valdrá la pena el esfuerzo, como lo valió para nuestros hermanos mártires.

2. No tener miedo a vivir nuestra fe: Su sacrificio nos invita a valorar el privilegio que tenemos de practicar nuestra fe abiertamente, de tomar la decisión de conocer a Dios y tener acceso a los sacramentos. Actividades que consideramos sencillas y ya parte tal vez de nuestra rutina, ir a misa, reunirnos en un grupo de oración, hablarle de Dios a un amigo. ¿Que seria de nosotros sin el acceso a estos regalos? si en nuestras dificultades no se nos permitiera tener el consuelo de la oración, o encontrarnos con Jesús en la eucaristía, si en nuestra necesidad no pudiéramos acercarnos a la confesión, bautizar a nuestros hijos y darles el regalo de ser Hijos de Dios, entre muchas otras cosas.

En honor a todas las personas que así lo viven pero sobre todo en honor a nuestro Padre estamos invitados a vivir con mucha alegría y orgullo nuestra fe, a vivirla también con valor como ellos lo hicieron.

Por último, te comparto algunas frases de mártires que son inspiración y nos invitan a vivir y dar la vida por amor…

“Nunca fue tan fácil ganarse el cielo»,frase que pronunció al intentar convencer a su madre para que le dejara unirse a la lucha cristera”.
José Sánchez del Río, mártir mexicano de 14 años


“La ferocidad no teme matar, la caridad no teme dar la vida”.
Sacerdote italiano asesinado en Turquía


“El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad”.
Beato Oscar romero


“Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca es en realidad lo mejor”.
Santo Tomas Moro


“Con gusto daría la vida por mi pueblo”.
San Pedro de Jesús Maldonado


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Dinorah Hernández
Ha experimentado la presencia de Dios en su vida desde muy pequeñita, El da sentido a todo lo que hace, tiene una familia grande a la que ama mucho, y esta familia creció aún más cuando encontró su vocación en el matrimonio, Dios puso un gran hombre su vida. Es educadora por profesión, le encanta trabajar con niños, encuentra en ellos una forma de servir, le gusta leer, dibujar y pintar. Pertenezco a un grupo de matrimonios jóvenes y proclama la palabra en misa.

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